HISTORICAL MATERIALISM RIO 2026

Del 21 al 23 de Julio se realizó el Historical Materialism Río 2026. Primera vez que este encuentro, iniciado en Londres en 1997, se lleva a cabo en América Latina, en la ciudad de Río de Janeiro. El Plenario de cierre del primer día, coordinado por Guilherme Leite, estuvo dedicado a la «Teoría Marxista Hoy» y contó con la participación de Alan Sears, August Nimtz, Werner Bonefeld y Paula Varela. Publicamos aquí la intervención de Paula Varela.

 

La teoría marxista hoy 

Paula Varela

 

Para pensar la teoría marxista hoy, lo primero que hay que decir es que estamos en un momento de recomposición lenta del marxismo.

Dentro de esta recomposición lenta, quisiera diferenciar dos momentos de los últimos 15 años.

El primero, podríamos llamarlo un reverdecer interpretativo del marxismo directamente ligado a la explicación de la crisis de 2008, como crisis del capitalismo neoliberal. O sea, es el propio carácter sistémico de la crisis con la que comenzamos el siglo XXI, el que abre el terreno al fortalecimiento del marxismo como perspectiva que persiste en ofrecer un análisis global de las crisis capitalistas. Y esto lo diferencia de muchas otras teorías críticas (más o menos entrelazadas con movimientos sociales contemporáneos) que realizan críticas importantes al capitalismo actual y sus opresiones (raciales, de género, sexuales, etc), pero que carecen de este intento de explicación global.

Creo que un saldo importante de este primer momento post 2008 es el intento de identificar las dimensiones de la actual crisis, lo que Nancy Fraser llama una crisis “multidimensional”:

  • Crisis económica
  • Crisis política (de las instituciones dentro de los estados nación) y geopolítica (de las instituciones interestatales y de los estados nación entre sí).
  • Crisis climática o ecológica
  • Crisis de reproducción social

Estas dimensiones tienen su correspondencia en desarrollos de la teoría marxista que me gustaría mencionar porque a mí entender constituyen “desarrollos progresivos” del programa de investigación del materialismo histórico, para tomar la imagen de Michael Burawoy, un marxista que me gustaría homenajear, a quien tuve la suerte de conocer y apreciar no solo por lo que aprendí de él en el interés compartido por la etnografía aplicada a la clase trabajadora, sino también por su generosidad. Burawoy toma de Irme Lakatos la idea de que los programas de investigación tienen un “núcleo duro” (que obviamente es en sí mismo un debate) y que, a patir de dicho núcleo, desarrollan propuestas “degenerativas” o “progresivas”. Las degenerativas son las que van achicando la capacidad explicativa de la teoría. Las progresivas son las que permiten interpretar e intentar resolver nuevos problemas (anomalías) que la realidad presenta y, al hacerlo, desarrollan y renuevan la propia tradición. Creo que esa imagen es pertinente para ciertos desarrollos dentro de la tradición marxista hoy, particularmente relacionados con:

a) Los debates y las teorías de la reproducción social, sobre las que hablaré más en detalle porque trabajo en esa línea.

b) Las investigaciones sobre la morfología de la clase trabajadora global, la precarización, las nuevas posiciones estratégicas como la logística, la feminización, etc. como los desarrollos de Ricardo Antunes, para dar un ejemplo local.

c) La reactualización de las teorías del imperialismo.

d) Las teorías que buscan interpretar el cambio tecnológico en la actualidad signado por plataformas e inteligencia artificial.

e) El marxismo ecológico -donde destacan los de la fractura metabólica de J. B. Foster y especialmente Andreas Malm.

f) Y las nuevas discusiones en torno a las alternativas o “futuros” – como los debates sobre planificación (actualizados por la cuestión ecológica y/o tecnológica) o sobre las alternativas post-capitalistas (con el aceleracionismo y el decrecionismo como posiciones polares).

Estos desarrollos, a su vez, han estado en diálogo (más o menos directo) con el campo de los movimientos sociales que emergieron de esta crisis multidimensional: el ascenso de la Nueva Ola Feminista con uno de sus epicentros en Latinoamérica con el #Niunamenos; el ascenso de luchas contra los ajustes en los países centrales desde la Geracao a Rasga de Portugal, los Indignados en el Estado Español, u Occupy Wall Street en Estados Unidos; la permanencia de un movimiento ecologista y antiextractivista a nivel Internacional con luchas por los recursos naturales (como el agua) en América Latina y contra el cambio climático en países centrales; la reactivación del Black Lives Matter, los movimientos anti-racistas y en defensa de los derechos migrantes. Y atambién con manifestaciones del tipo revuelta como la Primavera Arabe, la Chile de “no son 30 pesos, son 30 años”, Hong Kong, Myanmar o las huelgas como las de India, Grecia, Italia.

Hoy ya no nos encontramos en ese momento “interpretativo” de reverdecer del marxismo, sino en un momento que podríamos llamar “un momento político” cuyo parteaguas es la pandemia, en la medida en que la pandemia aglutinó, concentró tendencias previamente existentes y marcó un punto de inflexión.

Este nuevo momento de recomposición del marxismo está marcado por:

A) Una ofensiva más agresiva de los capitalistas para responder a la crisis del neoliberalismo que busca un reseteo de las condiciones de trabajo y de vida de las masas.

B) El ascenso de las ultraderechas como fenómeno que dejó de ser “exótico y aislado” y paso a ser un rasgo permanente del momento, más allá de los vaivenes electorales que puedan tener estas ultra derechas, precisamente porque no se asientan (aún) en derrotas que los consoliden (como sí ocurrió con los facismos del siglo XX).

C) Una nueva fisonomía de la elite capitalista cuya expresión más obcena son los “tecnomagnates”.

D) Lo que algunos llaman una “nueva ronda de cercamientos” para referir al despojo y desposeción de los recursos naturales, algo que en América Latina está particularmente presente.

E) El regreso de las guerras (como UcranIa o Irán) y, la ofensiva genocida al Pueblo Palestino.

A escala más pequeña y en sentido contrario a estos procesos, este “momento político” está marcado también por:

F) El movimiento internacional contra el Genocidio en Gaza y en solidaridad con el Pueblo Palestino que está moldeando una nueva generación militante.

G) Un proceso de cierta simpatía político-electoral por la izquierda y el socialismo que tiene más bien un carácter de reacción a la ofensiva capitalista y el ascenso ultra, y que es desigual y de contenido diverso, pero que como fenómeno abarca a Mamdani del Democratic Socialists of América en NYC, Die Linke en Alemania, La Francia Insumisa de Melenchon, y Myriam Bregman en Argentina.

En este sentido, este segundo momento de reverdecer del marxismo, este “momento político”,  es un momento mucho más difícil que el momento de “reverdecer analítico” y enfrenta a las y los marxistas a dos problemas a resolver:

  1. Los problemas de la propia teoría para comprender una realidad en plena transformación, y para encontrar en el análisis del presente los puntos de apoyo para la acción transformadora, para poder restituir un horizonte emancipatorio.
  2. Los problemas de la propia situación política que tienen que ver con el altísimo nivel de fragmentación de lxs trabajadores y sectores populares, la forma en que pesa, en las conciencias y en las prácticas de lxs oprimidos, 40 años de luchas a la defensiva y su consecuencia en los niveles de organización, de horizonte de acción.

Teoría de la Reproducción Social

Es aquí, donde quiero introducir la Teoría de la Reproducción Social como una de las perspectivas más productivas, más creativas dentro de esta recomposición lenta del marxismo. Y quiero destacar, básicamente, tres cuestiones que están íntimamente relacionadas entre sí en la perspectiva de la Reproducción Social: 1) un enorme esfuerzo por poner en el centro las opresiones (como la opresión de género o racial) en su relación necesaria pero históricamente dinámica con el capitalismo como sistema global; 2) un enorme esfuerzo por articular los niveles micro y macro de análisis, es decir, abocarse a la producción de conocimiento situado sin perder de vista la forma en que lo singular opera como “síntoma” de lo universal (para tomar las palabras del chileno-brasileño Vladimir Safatle y su idea de la crítica como una “universalidad de combate”); 3) un enorme esfuerzo por colocar en el centro de la investigación la pregunta por la acción, por la práctica y, en ese sentido, por el poder de los oprimidos.

Voy a dedicar la segunda parte a plantear cómo entiendo yo a la Teoría de la Reproducción Social (TRS) y porqué creo que cumple un rol crucial en la recomposición del marxismo particularmente en Latinoamérica (aunque su origen se situe en Estados Unidos y el mundo anglo-parlante).

Para esto, lo primero es definir qué es la TRS. Pese a haber surgido de los debates del feminismo marxista y socialista de la Segunda Ola (década del 70) diría, un poco provocativamente, que no es una teoría feminista sino que es una crítica del capitalismo que pone el foco en la relación contradictoria entre producción de valor y producción de vida como sustrato indispensable de la fuerza de trabajo que produce valor, el trabajo vivo. Para decirlo en términos de Lise Vogel (en su clásico El marxismo y la opresión de las mujeres, 2024): pone el foco en la “contradicción latente entre la necesidad de la clase dominante de apropiarse de trabajo excedente y sus necesidades de disponer de fuerza de trabajo para dicha apropiación”. Allí está puesta la mirada de la TRS, y desde allí es que esta perspectiva avanza en el abordaje de la opresión de género, la racialidad, la heteronormatividad, el capacitismo, la inmigración, las poblaciones sobrantes para el capital, el colonialismo, la crisis climática. 

Y es porque allí esta puesto el foco de la TRS, reitero en la contradicción entre producción de valor y produccion de fuerza de trabajo (y la vida en la que encarna), es que creo que es una perspectiva particularmente importante para la periferia capitalista (como América Latina), porque en estas latitudes esa contradicción se experimenta de manera más aguda, más violenta, más brutal.

Quisiera referirme brevemente dos formas que asume esa contradicción en la actualidad que son sumamente vívidas en nuestra región y que son parte de los debates teóricos y militantes del presente.

LA AGENDA ANTI-GÉNERO de las extremas derechas como puede observarse aquí con el bolsonarismo, en Argentina con Milei y en EEUU con Trump y el anti-wokismo.  

Sin lugar a dudas, esta agenda está directamente relacionada con el ascenso del movimiento de mujeres (como analizan de forma muy interesante diversas perspectivas feministas). Pero es clave entenderla dentro del marco de la crisis de reproducción social como dimensión central de la crisis capitalista contemporánea.

¿A qué me refiero con crisis de reproducción social? A diferencia de quienes la piensan como una crisis de los cuidados o una crisis de los hogares, la perspectiva de la reproducción social permite pensarla como una crisis que se desarrolla en dos andariveles:

La precarización del trabajo asalariado y remunerado y la caída del salario real que quita recursos económicos a las familias trabajadoras, pero también quita recursos de tiempo -por el aumento de horas de trabajo necesarias para reproducir la vida;

– El ajuste y mercantilización de las instituciones y servicios básicos para la reproduccion de la vida (salud, educación, vivienda, transporte) que obligan a cubrir ese ajuste o bien con más horas de trabajo remunerado (para acceder a estos servicios a través del mercado) o con más horas de trabajo no remunerado (de las mujeres) redoblando la opresión de género.

Ante este escenario, la agenda anti-género sienta las bases ideológicas de dos políticas fundamentales en la agenda de las clases dominantes:

A) La refamiliarización como apuesta fuerte de las clases dominantes para que la crisis de reproducción socialcaiga sobre las espaldas de las familias de la clase trabajadora, particularmente, de las mujeres de la clase trabajadora. 

La construcción de “la familia como refugio” (en un mundo que se vuelve cada vez más hostil, inseguro y violento) es la apuesta de la derecha conservadora a la naturalización de la re-privatización y re-individualización de la reproducción social. Es la apuesta a que la reproducción material y subjetiva de la fuerza de trabajo se naturalice completamente como un problema y responsabilidad exclusiva de las familias, no de la sociedad, no del Estado, no de la comunidad. Y eso nos obliga, a las feministas de izquierda, marxistas, y anticapitalistas a una discusión que no ha estado en el centro de la Nueva Ola Feminista: que es la discusión sobre la familia. Pese a ser una discusión clásica de las feministas socialistas y marxistas, la Nueva Ola Feminista ha sido relativamente austera en su crítica de la familia nuclear heteronormativa como espacio “naturalizado” de reproducción de la fuerza de trabajo. Y creo que ese falta de crítica tiene que ver con cierta romantización de los cuidados (y de las mujeres como cuidadoras) cuya base está, a mi juicio, en la ilusión de la autonomía del espacio del hogar o incluso de ciertos espacios comunitarios respecto al ámbito de la producción y del mercado capitalista. Como si hubiera o pudiera haber, bajo el capitalismo, una suerte de reproducción de la vida que escapara a las leyes de la explotación y expoliación crecientes a las que nos somete el capital para reproducir la fuerza de trabajo. En sentido opuesto a esta romantización, la forma en que la TRS piensa los espacios de reproducción social siempre en relación con los espación de producción de valor, provee de buenas herramientas para una crítica radical a la refamiliarización conservadora de las nuevas derechas y para una crítica radical de la familia como nodo privilegiado de reproducción de la vida.

B) Pero esta AGENDA ANTI-GÉNEROes la base ideológica de otra política ideológica fundamental: la construcción de la oposición “género vs. el pueblo” que consiste en colocar los derechos de las mujeres y diversidades como derechos contrarios, opuestos a los derechos del pueblo trabajador, a los de la “gente común”. Y eso es una ideología que ha permeado incluso sectores de la izquierda: lo que en el Estado Español llaman la izquierda roji-parda y que en Argentina encontramos en algunos referentes del peronismo que han estado en contra el derecho al aborto diciendo expresamente que era un problema de las “clases medias”, o que se han subido a la moda anti-woke bajo el gobierno de Milei.¿Cuál es el sustrato de estas posiciones? Una visión dualista entre opresión de género y opresión de clase, en la que las opresiones de género y raza aparecen disociadas de las formas histórico-concretas que asume la explotación de la clase trabajadora. En ese sentido, una perspectiva unitaria como la de la Reproducción Social, que comprende las opresiones de género, raza, sexuales como elementos constitutivos de la relación entre capital y trabajo en el capitalismo, es una herramienta fundamental para disputar en el terreno teórico y político contra esta construcción de la derecha de “género vs el Pueblo”. Y para comprender los derechos de las mujeres, las personas racializadas, las personas LGBTQ+, etc. como derechos fundamentales de la clase que vive de su trabajo a establecer las condiciones de su propia reproducción social.

Quiero cerrar refiriéndome a lo que mencioné al inicio: la preocupación de la Teoría de la Reproducción Social por la dimensión de la acción, de la práctica. Y lo haré a partir de la noción que la TRS tiene del trabajo y de la clase trabajadora.

Como es sabido, el feminismo de la reproducción social implicó una fuerte crítica a las visiones reduccionistas del trabajo y de la clase trabajadora, que equiparan trabajo con trabajo asalariado y clase con los trabajadores asalariados. Esa crítica al reduccionismo (que revisó la noción de “trabajo necesario” para poner sobre la mesa el trabajo de reproducción social como absolutamente necesario para la producción de valor) fue fundamental hace 50 años y, diría yo, que es todavía más fundamental hoy porque estamos ante un movimiento sumamente contradictorio: por un lado, una expansión global nunca antes vista del trabajo asalariado; por otro (y al mismo tiempo), una modificación y una heterogenización sustancial de las formas en que esta fuerza de trabajo se explota (plataformizado, bajo formas de cuenta-propismo sin patronales claras, con fronteras borrosas entre tiempo de trabajo y tiempo de no trabajo, etc.). Entonces, la capacidad para pensar al trabajo y a la clase trabjadora más allá de “la fábrica” es crucial, particularmente en América Latina donde la precariedad, la informalidad y la superpoblación relativa consolidada tienen un rol histórico y actual central.

Pero no alcanza con una visión no reduccionista del trabajo y de la clase. Ese es un punto de partida (no de llegada) que aún deja sin resolver el problema del poder de la clase que vive del trabajo. ¿Cómo pensar hoy el poder de la clase trabajadora? Esto, por supuesto, abre discusiones inabarcables en esta mesa (que seguramente serán parte de los debates de este encuentro). Lo que quiero señalar aquí es un peligro que veo, particularmente en nuestra región, que es el peligro de responder al reduccionismo del obrero industrial, blanco y varón (como única expresión del sujeto de cambio social) con otro reduccionismo (de sentido inverso) que es el de la economía popular.

¿Cuál sería la postulación? Las formas de producción de valor se han diversificado de tal manera que el trabajo asalariado ya no es la forma central por lo que hay que pensar el poder de los trabajadores por fuera de la relación salarial, poniendo el foco en las formas de trabajo de subsistencia que conforman la economía popular, las cuales permitirían prefigurar una suerte de sistema basado en los valores de uso o una economía de la reproducción social (o con la reproducción de la vida en el centro) como alternativa al capitalismo. Diversas formulaciones de esto pueden encontrarse en sectores de la economía feminista o incluso en algunas abordajes de la idea de construcción de los comunes.

En estos planteos, hay una operación teórica que tendrá consecuencias políticas importantes: lo que efectivamente es una profunda heterogeneidad de la clase que vive de su trabajo que presenta enormes complejidades para pensar la acción política, se transforma en una dualización (economía popular vs. economía de mercado) que presenta, por lo menos, 4 problemas centrales:

A) El primero es una romantización de la periferia, como si el solo carácter periférico de nuestras economías presentara posibilidades de autonomía respecto del capital. Cuanto que lo que estamos presenciando, por el contrario, es una profundización del carácter dependiente y una brutal transferencia de valor y de recursos de la periferia al centro que operan profundizando el despojo de medios de producción y reproducción allí donde aún existían.

B) El segundo es una sub-problematización del rol que juega el Estado en las experiencias de la economía popular, que es un rol de permanente intento de expropiación de los elementos de autonomía de dichas experiencias, de parasitación del trabajo que allí se realiza (particularmente parasitación del trabajo de reproducción social de las mujeres en los territorios) y de legitimación de una reproducción diferencia de la fuerza de trabajo que implica un corrimiento a la baja de la noción de “lo necesario” para vivir, corrimiento que impacta en el conjunto de la clase trabajadora.

C) El tercero es un sub-análisis de las nuevas formas que adopta, en nuestras economías periféricas, el trabajo asalariado y cómo este trabajo asalariado se imbrica, se articula con las formas de trabajo no asalariado históricas en la región, como las formas comunitarias o las formas estatal-comunitarias.

D) Y el cuarto, ligado al anterior y que quizás es el que más me interesa problematizar desde la Teoría de la Reproducción social, es que esta dualización inscripta en los abordajes de la economía popular, vuelve muy difícil pensar cuáles son los puentes posibles, las articulaciones posibles entre los distintos sectores de los desposeídos de medios de producción y reproducción.

Creo que uno de los muchos desafíos de este “momento político” de la lenta recomposición del marxismo es evitar ambos tipos de reduccionismo. En este escenario la TRS abre tres líneas de reflexión e intervención que encuentro productivas:

a) La primera es que nos recuerda algo obvio pero que pasa inadvertido: que el fin por el que vendemos nuestra fuerza de trabajo (en el mercado formal, informal, por cuenta propia, etc.) es la reproducción de nuestra vida. Por lo que, la pelea por las condiciones de nuestra reproducción social están en el corazón de la relación entre capital y trabajo. Y esas condiciones implican una disputa por el salario (por supuesto), pero lo exceden enormemente porque incluyen el acceso a salud, educación, vivienda, derechos sexuales y reproductivos (como el derecho al aborto legal seguro y gratuito), derechos migratorios, derechos a no ser “vidas que no importan” en manos de la violencia policial (como en la masacre en las favelas de Rio de Janeiro en 2025), derechos a la tierra, la cultura y las formas de vida de nuestros pueblos originarios. Todos esos conforman los derechos básicos de la clase que vive del trabajo y deberían ser parte de la agenda de las organizaciones de nuestra clase. En un momento como el actual en que todos esos derechos están siendo brutalmente atacados, comprenderlos como derechos que afectan a todas las fracciones de los trabajadores resulta crucial para las organizaciones de clase, y permite tejer puentes entre el lugar de trabajo y el territorio o la comunidad, que son puentes que hoy están fuertemente desarticulados. Es decir, permite tejer puentes entre producción y reproducción.

b) Pero, además, poner la reproducción social en el centro del análisis de la clase trabajadora, nos permite también captar un fenómeno que viene emergiendo y que es el aumento de conflictividad en las instituciones educativas, de salud y de cuidados. Esto está siendo analizado con mucha riqueza por la sociología del trabajo. Pero creo que hay que darle una vuelta de tuerca a estos espacios y preguntarnos si no estamos ante lo que llamo “el poder socio-reproductivo” de la clase trabajadora, que es distinto a lo que E.O. Wright y Beverly Silver llamaron el “poder estructural” que emana del lugar en el proceso económico (las posiciones estratégicas en la industria o la logística, por ejemplo). ¿A qué me refiero con “poder socio-reproductivo”? Me refiero al poder que pueden ejercer las trabjadoras de las instituciones de reproducción social como la salud y la educación (trabajos completamente feminizados) y que emana de una particularidad que no se da en ningún otro lugar: las condiciones de trabajo son, al mismo tiempo, condiciones de reproducción de la vida de la población. Las trabajadoras de esas instituciones, que tienen un entramado reticular en el territorio, tienen la posibilidad de erigirse en portavoces de las demandas de la comunidad en su heterogeneidad de formas de trabajo, de género, de raza, sexualidad, origen nacional, etc. Y tienen la posibilidad de utilizar la herramienta de huelga para que esas demandas tengan peso económico, social y político. En ese sentido, tienen la posibilidad de construir huelgas comunitarias por el carácter anfibio de estas instituciones, transformar esas instituciones en nodos de organización comunitaria que levanten las demandas de esa heterogenea clase trabajadora. Elementos de este poder socio-reproductivo pudieron verse en las huelgas de la CNTE de México (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), la huelga magisterial en Perú (2017), las huelgas docentes en en Estados Unidos en 2018, pero también en la huelga del hospital Garrahan en Argentina en 2025 (durísima huelga que logró triunfar bajo el gobierno de Javier Milei).

c) Por último, creo que colocar la reproducción social en el centro, permite también recuperar algo que los 40 años de neoliberalismo nos ha expropiado a fuerza de luchas defensivas: el derecho a establecer las condiciones de nuestra reproducción social no solo en términos económicos sino en términos “histórico-morales”, para tomar la frase de Marx. Es decir, poner en discusión el tiempo libre, el ocio, el acceso a la cultura, a la libre sexualidad, a formas de cuidado que superen la forma familiar, a relaciones con la naturaleza que superen el instrumentalismo. Como dicen Tithi Bhattachary, Sara Farris y Susan Ferguson en el SAGE Handbook of Marxism(2022), “si la produccion capitalista solo se ocupa de un chato y rutinario tiempo presente, la Reproducción Social, como teoría y práctica dirige su atención hacia el futuro, hacia la reproducción continua de la vida de la especie y del mundo social que creamos en y a partir del mundo natural”.

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